jueves, 27 de febrero de 2014

LA DAGA

Entonces tenía la daga entre sus ropas
Una camisa olvidada al suelo
Y las gotas de champaña derramada
Las doce y algo, el sudor y las viejas palabras
La daga entre sus ropas  fue
Clavada en las sábanas. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

MENTIRA - TRAICIÓN

¿Qué es la traición? Me preguntaba…
¿La mentira es igual traición?
Mi cabeza hacia afuera
busca en ese sentido la equivocación
un errático vuelo en una dudosa dirección
y eran palabras caídas
recogidas y vueltas a caer
La traición a ojos vendados
bajo la poca luz en un nuevo año
de flash sobre un racimo de hojas de un parrón
y se queda mi cabeza pensando
¿La mentira es igual traición?

martes, 25 de febrero de 2014

AL LABRADOR
Ahí esta el labrador sumergido en la tierra
Abriendo surcos y más surcos
En ese andar de hombre de fuego
Allá convierte el surco en una hilera de zapallo
Acá convierte el surco en una flor y sus verdes tallos
El labrador que ama así tan intensamente
No sabe que lo espío desde la ventana del segundo piso
Lo veo luchar por las orillas que el viento o la lluvia,
El sol o las plagas…
El Labrador afirmado a su cigarro observa el atardecer
Tiene tantos años como arrugas en la piel
Tanta vida como la energía de las aves
Que se equilibran con el viento en las tempestades
El labrador se pierde de vista
Allá por el camino en su bicicleta.

lunes, 24 de febrero de 2014

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE SE PIENSA TAN DIFERENTE ...
http://www.youtube.com/watch?v=lUft7RoA5dU

"Entre la vida y la muerte se piensa tan diferente…" escuché esta frase toda la tarde bajo esa filosofía del estremecimiento mental que sobrecoge mis días. Me ha pasado que permanezco mucho rato con los ojos fijos en el computador sin hacer nada y la vida que muere un poco sobre el vidrio de mi ventana apura las horas en esa carrera tácita del destino y no logro el desafío aún porque estoy confundida en un valle de nostalgias que ni sé cuando pueda desatarme para volar nuevamente. 
Y es que entre la vida y la muerte se piensa tan diferente… El resumen del día se conecta con las veces que me tiro a la cama con los brazos abiertos observando el techo. Y mi soledad no está vinculada con ninguna ruptura sino con el vacío. La genialidad de estar vivo es ese puente que nos tiende la muerte y por el cual he estado tentada a cruzar muchas veces. Tal vez el desconcierto es la poca luz que entra a mi casa y el reflejo de nadie haciendo nada en la cocina sin olor a hierbas ni a frituras ni a cazuela de ave y que nadie sonríe como mamá en todos sus quehaceres.

Y es que entre la vida y la muerte se piensa tan diferente …


domingo, 23 de febrero de 2014

DÍA FELIZ III

Es linda mi mañana con todo ese sol
viene por mi cara y ya refresca mi corazón
no hay nubes en el cielo me siento tan feliz
no hay fechas en el calendario ni hora en el reloj
todo está marchando tal como me gusta
debe ser el cambio de hemisferio
el cambio del cosmos en un juego de planetas
debe ser que despierto…
Me siento tan feliz…

sábado, 22 de febrero de 2014



TARDE DE SOL
http://www.youtube.com/watch?v=eW2qlKa6oHw

 Tarde de sol, segundo piso… calor
el mustio aire viene a mí, estoy sin nada en la cabeza sino recuerdos idos de no sé cuando...
La fe en mi destino que no me haya abandonado en esta tarde de sol, segundo piso… calor.



viernes, 21 de febrero de 2014


EL DÍA
En los avisos de la tele a esta hora muere el día
la tarde se desvanece cuando un chico corre hacia la calle
los vehículos y su marcha a media velocidad
y este fuerte dolor de cabeza constante
treinta y dos grados verano que transita sin playa
ayer y hoy estoy lejos del mar…
Un poblado pequeño y un señor que poda sus plantas
ganas de hablarle…
Las acacias y cinco sauces, las acequias que se desbordan
y el calor sofocante sobre la parra.

jueves, 20 de febrero de 2014

PARA ESCAPAR...
http://www.youtube.com/watch?v=Qvmdxo2EpvQ

Nada se hace polvo en el universo
los espejos multiplican los sonido
y las ventanas nunca son tan altas
para escapar.

martes, 18 de febrero de 2014

VENDO

Vendo todo lo que tengo;
La cortina de mi ventanal que apenas se mueve con el viento, meses sin lavar se arrastra por el suelo
como cuerpo cubierto de chuño.
El televisor que da las noticias de antes, un macetero, los cuadros de tinta dibujados el retrato de Gandhi, Neruda y Lennon… el gran sillón crema en donde recuesto mi cabeza olvidando si es domingo o tiene más días el mes y si es de noche o de tarde, si es verano o vuelve el invierno, que se yo. ¡Lo vendo todo!

Vendo las sillas, las de madera, las de fierro, las que se mecen, las que echan raíces bajo el parrón.
También la mesa de vidrio con esa musiquilla que adquiere de pronto al acercarla pegadas a la copa y el tenedor… allí la sopa humeante, los codos de mi madre y sus lágrimas y sus palabras y dice me ama y dice tengo esto para ti y dice es mi abrigo, hija, vamos sea feliz…

Vendo la cocina de un plato en donde alguien vino de lejos en un día feriado a preparar guisos que salían de mi única olla, de una sartén, delicias que llenó mi boca... llenó mi corazón.

Vendo las lámparas donde se golpean la cabeza las visitas, las de fierro forjado, las que se tallan enroscados los dolores, la sonrisa, el cabello, las manos, de quien debería estar aquí.

Vendo mi closet atestado con ropa de invierno, las maletas y bolsos atestados de pañuelos, la repisa a un costado de la cama atestada de libros; García Marquez, Becker, Neruda, Rojas, Platón… atestada de lápices…
También vendo mi música, mis vinilos, mis casetes, mis cd de bandas inglesas, de cuando iba al colegio y la vida era hermosa colgada de una micro.

Vendo mi cama de sábanas bordadas de margaritas, en donde yo flotaba mirando la lámpara y sus telas de araña, pegados mis pensamientos al techo buscando salidas a los laberintos.  Mi cama que yo pensé sería nupcial con esa frase de “siempre y para siempre, hasta el final”.

Vendo mi computador y todo ese cargamento de imágenes con fechas y documentos de lo que fui y lo que soy en esa total transparencia de ser yo y mi lucha brutal contra el destino.

Vendo a puertas abiertas todo esto que es un conjunto de mis días allá, acá y así pasaron años.
Del negocio salida a la calle con esta mochila a la espalda, mi pasaporte: voy a cruzar la frontera.





UNA HISTORIA
thttp://www.youtube.com/watch?v=2mKSgEe_qEE

En ese espacio que existe entre lo cierto y lo intangible estuve sentada, apostando... me observó sorprendido - ¿Tienes algo que decirme? ¿Una historia por ejemplo? - más sorprendido - No sé contar historias... - Afuera un árbol con pocas hojas, un zorzal ¿qué busca ése ahí?, pensé, ¡el árbol ni tiene hojas...! El cristal de la ventana empañado y las horas pasando a través de las colinas apenas perceptibles. - ¿No sabes contar historias?, qué mal... - Apostando en ese espacio pequeño que existe entre lo cierto y lo intangible tambaleaba... - Ya, me voy, no hay nada de tiempo allá afuera, me voy - Entonces él, rascándose la cabeza tan somnoliento como antes, dijo - Me sé una historia, puedes quedarte -


DESDE EL BALCÓN DE MI VENTANA
http://www.youtube.com/watch?v=ZlmXngi10ww

Del lado oeste un sol escondido
donde se lee tu nombre, puntos suspensivos
alguien se regocija  al ver mis alas replegadas…  sin vuelo
el sentido de la vida mirado desde el balcón de mi ventana
sembrados, autos, parras, cernícalos y moscas.
El riego, la calle, la iglesia, los niños, el amor candente
que llega al segundo piso, bordea mi ánimo en ese minuto
cuando mis pensamientos se marchan
por el camino de tierra: un hombre me dice chao
pedaleando en su bicicleta.

lunes, 17 de febrero de 2014

LO ESTRUENDOSO

Como en un mal cuento se disparan lamentos,
allá alguien llora ni se sabe por qué
lo estruendoso de los aguaceros es que a veces
son inolvidables.

YA VENDRÁN…

Ya vendrán los días de viaje, escogeré mi mejor sombrero
mis mejores zapatos para subir cerros, buscar el viento
mi bolso grande, anteojos y aquello que perdí ¿dónde?, ya ni recuerdo…
Sacaré pasaje de este nuevo vuelo
llevaré nada de equipaje solo con esto que pienso
será escapar de todos los cercos

domingo, 16 de febrero de 2014

HOMBRE DE LA TIERRA
(de mi tercera novela, sin editar)

Transcurrió un rato, un intervalo de silencio,a fuera el ruido de un automóvil estremeció la calma, se abrió una puerta y los pasos de niño pequeño trajinando aquí y allá de pronto apareció; de cabello rizado, el rostro pálido, ojos azules pequeños e intranquilos, le dio un fuerte abrazo a su padre y le entregó una hoja en blanco.

-          ¡Papi, hazme un avioncito! – Juanco lo miró enternecido, con mucha paciencia dobló esa hoja varias veces, hasta que Nicanor se la quitó y le confeccionó en menos de tres segundos
-          ¡Oh! Supeeeer! – exclamó el chico ante el asombro de Juaco
-          ¿Tienes hijos, te casaste?
-          Ni uno, ni lo otro – Le respondió mientras pasaba sus dedos por las ondulaciones del pequeño quien comenzó a lanzar en todas direcciones aquella nave de papel. En ese momento escucha:
-          Yerko , a lavarse las manos para…
Nicanor gira bruscamente la cabeza y queda paralizado al ver materializada esa voz en la sala, su razón girando a mil en segundos. Allí, parada, con el cabello desordenado, luciendo unos desteñidos bluyines, le miraba impávida sin poder terminar la frase, Margot, quien se sentía presa en una escena absurda.
-          Este que tú ves aquí, era mi mejor amigo en la universidad, digamos mi hermano del que siempre te hablé, seguramente ya lo conoces – le dijo Juaco poniéndose de pie
-          Sí… no, digo, de nombre, claro y por los diarios también – le dio la mano sin saber qué hacer, Yerko irrumpía a veces con el avión de papel que volaba sobre sus cabezas y que aterrizaba encima de alguna de ellas. De pronto sin ser descortés prefiere abandonar la sala dando una vaga excusa, detrás corrió su hijo.
Tuvo que sentarse por un buen rato en el borde de su cama para poder digerir de mejor manera lo que estaba pasando, Margot, no atinaba, la sonrisa de aquel hombre, sus gestos, sus ademanes, maldito destino que vino a remecerle la vida otra vez.  Pensó que ya lo tenía superado, un amor de lejos que no le causó grandes complicaciones en esos años pero ahora parado sobre la alfombra de su casa extendiéndole la mano… podría huir, tomar su chaqueta y salir de ahí, era inútil ya se había revuelto todo otra vez.
-          ¡Margot, ven a despedir a mi compadre que ya se va! – le grita Juaco desde la calle.
Fue como llegó al lado de Nicanor para despedirse, él pensó que ella flotaba, no existía nada más que ella, alrededor todos desaparecieron, hasta él mismo, su espíritu privilegiado la contemplaba desde arriba, por ese motivo no le salía la voz, tuvo que llamarlo para que bajara y así discernir. Tantas veces buscándola, intentando descubrirla de nuevo en las calles, entre las sombras de su habitación, en las sonrisas de otras, al escuchar una añeja melodía en la radio. Nunca la halló, entonces  se acostumbró a su ausencia porque ya no importaba tanto, en cambio ahora podría turbar su trayecto, no estaba seguro si lograría  deshacerse de ella otra vez.
Le dijo adiós con un ligero apretón de mano y subió al vehículo de Juaco, quien lo trasladaría al hotel en donde se alojaba. Ella, quedó de pie contemplando los ojos de él que se asomaban por el espejo retrovisor del automóvil en marcha.

HOMBRE DE LA TIERRA
(de mi tercera novela sin editar)


Juaco vaciaba una botella de licor anaranjado sobre un vaso con dos cubos de hielo. Nicanor observaba el interior de la casa; las pinturas que colgaban le parecían hablaban su idioma, aunque sólo eran manchas de colores.
El lujo y la comodidad eran sin dudas, un sello personal, se veía reflejado en esa sala. Se lo dijo después cuando agotaron el tema universitario y quedaron mirando el vidrio de la mesa de centro o jugando con los dedos en sus vasos.
-          Mi pueblo está teniendo graves problemas – intervino Nicanor – es por culpa del progreso, la invasión, las comunicaciones… necesito tu ayuda. Todos nos prometen irrealidades, palabras que no nos favorecen.
Juaco escuchaba con atención a su fornido amigo; un hombre indígena, de profunda voz y que le hacía añorar sus día universitarios cuando se perdían por las calles de Concepción ebrios, verseando canciones ininteligibles, humedeciendo cigarrillos compartidos.

-          ¿Quieres que interfiera?

-          Quiero protección, apoyo, ayuda y justicia. Las probabilidades de ganar son mínimas, eso lo tengo claro, pero no podemos rendirnos … es ir contra nuestra lucha y el ideal que perseguimos.

-          Los ideales amigo mío, no sirven para vivir hay que guardarlos en el cajón del velador.

-          No estoy de acuerdo, yo he forjado una sólida construcción gracias a ellos, me ha costado pero no niego que lo he obtenido, entonces no se trata de utopías ni simple vanidad – Respondió Nicanor algo molesto, recordando viejas rencillas con ese entrañable hombre adinerado que tenía nuevamente frente a él.

-          En cambio la magia no existe, tampoco los milagros – sonreía Juaco adivinando el enojo que provocaba en su amigo.

-          ¡Pero el poder sí!

-          En eso tienes razón

-          Tú tienes acceso al poder

-          Claro, pero no lo manejo

-          Y… ¿podrías hacerlo? – Insistió

-          Me estás complicando

-          Somos minoría a veces creo que vamos hacia atrás, un retroceso en la historia, miro hacia los lados y no encuentro avance en la mentalidad nacional. He pensado en ti porque creo que una buena cabeza en el equipo contrario pude más que cien en la nuestra.

-          No es fácil lo que me pides, interferir en este conflicto pude defraudar a mis aliados, en esta carrera uno debe tener bastante tacto para manejar los intereses nacionales.

-          … Podrías mover “contactos”, en este país todavía tus comentarios políticos aplastan débiles.

-          Eso que dijiste ¿es un halago o un reproche? – y pasó una mano por la espalda de aquel amigo a quien a ratos desviaba la mirada para fijarla en alguno de los miles de colores que representaba el cuadro fulguroso de la sala.
Muchas negociaciones tuvieron tremendo éxito ene se mismo lugar debido a esa pintura. Los que llegaban caían fulminados, embrujados, como si estuvieran viendo un espectáculo.
-          Compadre – dijo al fin Juaco, luego de tomar algo de aire – uno hace lo que dicta el instinto y no la conciencia, los valores se diluyen con los montos de billetes en las sucursales de los bancos nacionales – bebió hasta el último sorbo de trago y quedó pensativo extraviando la mirada por el ventanal.
A veces se le escapaban algunos acontecimientos de la zona, la verdad no le interesaban, se había quedado mudo cuando asomaba por ahí un intrépido interlocutor para abordarlo en un duelo de alegatos acusándolo de ignorante. Los sucesos entre empresarios e indígenas llenaban los titulares de los periódicos. Los discursos entre los de su bando político, al cual representaba en el senado, se convirtieron en un tema sensible, hería orgullos y acarreaba tempestades. Por lo tanto aprendió a manejarlo sin equívocos que pudieran costarle algo más que una desaprobación del partido.
Nicanor había pasado a ser algo así como su hermano; ágil, hábil con sus ideas, era el único capaz de ganarle en discusiones que tenían que ver con las leyes humanas. A veces llegaba a sentirse incompetente y se menospreciaba por esto.
-          Ay, amigo mío ¿Cuándo cambiarás? Los de mi partido necesitan a alguien como tú, deberías aliarte, ganarías mucho dinero, olvida las viejas rencillas, no le hagas caso a los conflictos geográficos, es una pérdida de tiempo, los asuntos gubernamentales son una pérdida de tiempo. Ocupate de ti mismo, mírate estás igual que hace cinco años atrás, luchando por causas perdidas.

-          ¡Estoy luchando por mi causa, es una deuda del pueblo mapuche al pueblo mapuche! ¡No pasa por el gobierno y sus leyes, pasa por el honor y la ética de mi raza, de mi gente! – Cada vez que Nicanor pronunciaba una sílaba empuñaba la mano y se le hinchaba una vena azul en el cuello.

-          Bueno, no vamos a pelearnos por eso verdad… me alegro que estés aquí, permíteme entonces mostrarte mis logros que ya sé de los tuyos, no eres indiferente para los reporteros de El Mercurio ¿a caso tienes un arreglín con el fotógrafo?

Nicanor, no supo qué contestarle así que rieron a la par inundando el ambiente a carcajadas.
-          ¿Vas a dejar que nos crucifiquen igual como hicieron los romanos a los cristianos? – Le dijo Nicanor después de un tiempo de pie observando el cuadro de vertiginosos colores, se sentía atraído por la pintura, le conmovía, le erizaba entera la piel igual que el sonido de  violines en el oído de un director de orquesta. Lo observaba de lado, de frente y de lejos, mitigando aún más su interés.

-          Estoy recién entrando al Congreso, mis proyectos políticos aún están en barbechos, es posible que para las próximas elecciones me tiren más lejos … Estoy como ves, cumpliendo mis metas, es difícil, cuesta, pero se puede llegar arriba, sólo hay que desearlo, de todos modos revisaré el caso de tu pueblo y sus necesidades. No esperes mucho porque es como tú dices; solo palabras.

-          Estoy seguro que no me defraudarás, tu olfato político es sin dudas un efectivo acierto para todos los que te rodean, he sabido del respeto que te tienen, hablan de ti en cada rincón de la nación. Entonces no espero otra cosas sino un buen resultado.

-          El desempeño de mis actividades no alcanza a tu distrito tendré que verme enfrentado a las autoridades de la zona y a las intervenciones judiciales ¡pero eso tú ya lo sabes eres el mejor abogado que conozco! Te estás farreando tu título encerrándote de esa manera, agrupándote con personas erradas que te disertan sus ideales, son unos cabezas cuadradas, seguramente piensan como guerrilleros o resentidos social.

-          ¡Estás equivocado, por la mierda, esas cosas no existen en mi comunidad! Sólo hay familias que han perdido sus tierras por falta de coraje y orgullo. Ya, me cansé, si es eso lo que piensas, prefiero no me ayudes – diciendo esto buscó la salida, Juaco lo detuvo aprisionándole el hombro izquierdo.

-          No espero ganar votos con esto, menos la simpatía de mis detractores, lo voy hacer por ti, pero no me puedes pedir que cambie la manera de ver las cosas

Al escuchar esto, Nicanor dio media vuelta y se sentó, Juaco, le extendió el vaso con licor y se lo bebió en silencio.

http://www.youtube.com/watch?v=2LOn1aQEPEk
CAPITULO XXIX: “Un golpe bajo”

Un viernes por la noche de regreso a Santiago, iba cruzando la línea ferroviaria de Graneros, llevaba la música fuerte, la ventanilla entre abierta y una botella a medio terminar en la guantera, a veces la empinaba cuando nadie me veía, otras, detenía el auto en una bomba bencinera o simplemente en la fila interminable de vehículos en las mañanas por el centro de la ciudad.
La reconocí de inmediato; con el cabello atado, unos kilos de más, empujando un coche de guagua. La vi urgida de ayuda para trasladar ese coche desde la línea al otro lado. Frené en seco, bajé presuroso, tomé aquel coche y lo transporté en andas, los vehículos hacían sonar sus bocinas en un llamado desesperado tras de mí.
Ella me miró agradecida, con los ojos repletos de lágrimas. Suficiente, subí al auto y me marché sin decir nada. Esa imagen hirió todos mis principios, me hizo dar cabezazos contra la pared por las noches. Aún no superaba aquello, era más tremendo de lo que supuse.

Toda vez que iba a Graneros, podía verla cruzar miradas apenas, un centímetro de distancia, una minúscula grieta entre ella y yo, un impulso ¡y ya! Siempre fui el perdedor en esta historia por esa estúpida falta de decisión que se cuaja en mí y me hace sentir tan imbécil…

En el invierno volvimos a toparnos al doblar una esquina, yo llevaba varias cosas en las manos: tarros de conservas, bebidas, etc. En la confusión todo aquello se vino abajo, los tarros rodaron por el pavimento, las botellas giraban sin detenerse. Nos vimos a los ojos y reimos a carcajadas, ayudó a reunir todo eso y meterlo dentro del automóvil, entonces se lo dije:
-          ¿Te casaste?
-          Sí… ya lo sabes ¿para qué preguntas?, tenemos un hijo, eso también lo sabes …
-          ¿Por qué no me esperaste?
-          Nunca dijiste nada… ¿Por qué ahora?
-          No era necesario ¿o si?
-          Yo te esperé
-          ¿Me esperaste?
-          Te alejaste, nunca estabas, los diarios hablaban de ti como si fueras otra persona, tan distinto… no eras tú
-          Cuando nos encontramos en el tren parecías estar bien…
-          Necesitaba una palabra tuya, solo una palabra y me detenía, una señal y sin embargo me dejaste allí como si no te importara…
Quise besarla, retrocedió, dijo que se iba, que era tarde, en fin, una serie de excusas que ni escuché.
-          ¿Estás enamorada de él? – Le alcancé a insinuar, dijo que no con la cabeza y se fue rápidamente.

Subí al vehículo, abrí la guantera, saqué la botella y la bebí toda, casi sin respiración.

sábado, 15 de febrero de 2014

CAPITULO XXV, “La Revelación”

Todo Santiago en brumas, su color gris decae mi ánimo, he tenido la convicción que una historia atroz se cierne sobre nuestras cabezas al recorrer sus calles. Los muros repletos de afiches y de estúpidas frases, las palomas que se posan en el suelo y luego huyen, la gente que rozan sin mirar, los mismos vendedores en los bordes de las aceras, las micros y sus salvajes carreras, el metro y su rutinario trayecto, las iglesias evangélicas, el murmullo de los fantasmas que aparecen de a uno por los ventanales de los edificios en construcción o por las avenidas hacia Departamental, Puente Alto, Recoleta o San Miguel.
He sido siempre un vagabundo, no logro hilvanar mi rumbo, menos ahora. Comencé por recorrer el centro con mis cuadernos apretándolos contra el pecho. No supe como fui a dar a las puertas de la universidad, estuve un rato mirándola desde afuera, hasta que decidí entrar, iba hacerlo pero en ese momento siento que me agarran de las ropas; la Jecho, con su postura de mujer madura, tan resuelta y tan pragmática increpándome con el seño fruncido.

-          ¿Vamos hablar o vas a esconderte detrás de tus amigos?
-          Aquí yo no tengo amigos – quise seguir con mi trayecto, en cambio ella volvió a pellizcar mis ropas.
-          No quise traicionarte, estoy segura que no lo he hecho, aún sigo enamorada de ti, eso no lo puedo cambiar.
-          ¡Pero me cagaste! ¿Cómo creí que me siento?, lo peor de todo es que yo te creí toda esa huevá que me dijiste… hay que ser muy astuta para llegar tan lejos como tú lo hiciste conmigo.
-          Arreglémoslo, no puedo dejar de pensar en ti, estoy mal Guillermo, por favor, es difícil decirte esto …
-          Mira, no quiero mentiras, no quiero escucharte mañana voy a buscar mis cosas a tu departamento ¡y ya se acabó!

Tiempo después Marco las emprendió contra mí, en una noche caí en una emboscada; cinco tipos me golpearon contra el pavimento, sin complacencia, luego de aturdirme se encargaron de hace que volviera en sí, para encontrarme cara a cara con Marco quien me dio un certero puñetazo en el estómago y dijo:
-          Te lo advertí, nadie le hace daño a la Jecho, menos vo, huaso de mierda

Subieron todos al vehículo, marchándose sin volver nunca más.


CAPITULO XXI
“La traición”

Entonces me volví a Santiago animoso, pensando en salir con la Jecho, tenía un poco de dinero guardado la llevaría a Valparaíso o tal vez a Viña… podríamos viajar durante la mañana y regresar dos o tres días después.
Abrí con dificultad la cerradura, todo el departamento callado, la Jecho acostumbraba a escuchar blues cuando estaba sola, pero ese silencio me hacía pensar en algo desagradable. Escuché voces en el dormitorio, de un golpe giré la cerradura y me encontré con una superficial comedia de la que me reí durante años en los chistes de la tele: el pata negra, el marido engañado, la esposa y el amante, etcétera. Y ahí estaba el Subercaxeus bajo las sábanas, amarrado a la Jecho, ella al verme parado en el umbral, con mi bolso colgándome del hombro, quiso explicar pero no le salieron las palabras. Di media vuelta y me regresé a Graneros.

Llegué a casa del Jorge, no estaba, pero sus hermanos me hicieron pasar, fui a su habitación, me dormí echado sobre la cama, perdí el conocimiento como un borracho en su día más dúctil.

-          Oye, despierta, ven a comer algo con nosotros

El Jorge movía mi cuerpo con ligereza, me despabilé, la inconsciencia me mataba.
-          ¿Qué hora es?

-          Las siete de la tarde levántate a comer algo

Parecía enfermo, apenas arrastraba los pies, mis sentidos no funcionaban.
-          Ya, compadre, ya voy, ya voy, ya voy …
Me senté a la mesa, al frente de un buen tazón de té y los ojos chispeantes de los hermanos del Jorge. Una paila con huevos revueltos humeaban al centro y unas marraquetas escapaban de un plato grande. Tragué todo aquello sin saborear, es que una fiebre me subía por los pies y explotaba en mis sienes.

-          ¿Sabí Jorge? Yo soy un huaso de mierda, la vida de Santiago no es pa mí
-          ¿Te pasó algo? ¿Por qué no fuiste a tu casa en vez de venir pa cá?
-         Estoy apestao, me miro y me siento como la caca; fétida, indecente, flotando en el Mapocho, no saber para dónde ir, a expensas del agua turbia que la mueve a su antojo.
Los chicos me miraron asustados, se levantaron de la mesa y encendieron el televisor, seguramente les repugnó mi comentario.

-          Para eso están los amigos compadre, quédate si quieres, mañana o pasado te puedes ir, a mí no me molesta.
-          No, es mejor que me vaya altiro, mi vieja se espanta si sabe que ando por aquí y no he llegado a casa, más encima ahora que está un poco enferma, no voy a ser yo quien le dé más problemas.
-          Sí po, tus hermanos le han dado puros dolores de cabeza a la pobre…
-          Esos culiaos están cada día más imbéciles. A propósito ¿te contrataron en la fábrica?
-         Sí, y me voy a casar con la Natalia, la dejé embarazada y ya tenemos fecha en el civil.
-         No te creo…

Le di un fuerte abrazo a mi amigo y regresé a casa con una descarga importante en mi cerebro.

CAPITULO XIII
“La estación”
(de mi segunda novela El Hirldo, sin editar)

Llegó el tren, lo abordó rápidamente, quedé consternado, quise irme a casa, encerrarme en el taller de ensayo y golpear mi batería, huir, comprar otro boleto, necesitaba respirar, un ahogo ciego apretándome la garganta.
De todos modos subí, la busqué entre la gente, de pie, sujeta al pasamano iba distraída mirando por la ventana, me acerqué, sonrió, como si esperara ese encuentro.
¿Has estado bien?, dijo, no lograba responderle, la voz no me salía, adentro todo se contradecía, los circuitos totalmente colapsados.
-         -  … Sí … bueno, con harto trabajo, pero sí
-          - ¿Ya vas a salir de la universidad?
-          - Me falta poco…
-          - Yo estudié paisajismo para explorar y no quedar encerrada en una sala de clases, la vegetación, el aire, las flores, es mucho mejor para mí que reunirme con gente distinta.

Parecía como si hablara consigo misma porque al darse cuenta que la miraba sorprendido bajó la vista y se tiño de rojo su cara. No supe qué decirle, estuvimos callados un rato, luego continuamos, hacía tiempo no la escuchaba, su voz suave se repetía en el murmullo del tren, con los miles de sonidos, con ese colorido del sol infiltrándose por los pasillos. Hasta que le lancé la pregunta que me rondaba y no quería decir pero la dije:
-          ¿Cómo está el Genaro? – Sentí  que dudaba al responder, una breve contradicción sólo yo noté, era un abismo sumamente oscuro, una daga rompiendo venas, lazos, uniones, sangrando, escarbando…
-          Ya no trabaja en Santiago, tiene su propia empresa, pequeña pero suficiente como para mantenerlo, está bastante bien.
-          ¿Y… contigo?
Agachó la cabeza, luego perdió la vista en un punto cualquiera allá afuera, me apreció que una nube vino de pronto y oscureció todo.
-          Estamos creciendo, es decir estamos solidificando nuestra unión, llevamos bastante tiempo juntos y bueno sus padres están presionando … tú sabes …
-          ¿Presionando?
-          Sí, para que nos casemos luego
Comencé a transpirar, en eso el tren se detuvo, llegábamos a Buin, mucha gente subió, otra bajó, pero yo no me daba cuenta de aquella muda, me remitía a esa frase: “para que nos casemos luego”.
La miré con la cara llena de tristeza, parecía no comprenderlo ¡no comprendía nada! Lo que me dijo después ya no lo recuerdo, fueron esas palabras abstractas y sin vida, ilógica, se esfumaron en distintas direcciones. Me propuse abandonarla, quería abandonarla, me urgía abandonarla. Comprendí que ella y yo somos entes apartes, su filosofía no me concernía, su modo de ver la vida me insultaba  y  es que yo no tenía cabida en su mundo. Me negué a seguir regando el árbol con el cual pretendía edificar mi vida con ella, dejaría que secara ¡que se muriera!
Bajamos del tren, cada uno hacia su destino, le dije adiós con la mano y me perdí entre la multitud de la Estación Central.

CAPITULO XIII
“La estación”
(de mi segunda novela "El Hirldo", sin editar)

En la mañana muy temprano me dirigí a la estación, compré mi boleto y estuve paseándome mientras llegaba el tren. Un frío enorme atacaba por todos lados, dos o tres personas se movían igual que yo, para no ser congelados ahí mismo.
La estación de Graneros tiene la particularidad de conectar a los habitantes con los viajeros, uno puede hacerse a la idea de cómo es el pueblo, sus casa se muestran igual a una fotografía: todo está a la vista: la fábrica, los locales comerciales, la gente en bicicleta, los vehículos, las señoras con sus compras, los matrimonios con sus coches de guaguas y los jubilados leyendo el diario.
La estación está llena de historia, los viejos vagones repletos de trigo o carbón, de los chicos ilusionados que compraban pasajes a Pichilemu en busca del mar.
Desde el tren llegaban los rollos de la última película de Cantinflas y las de terror.
Aunque mi pueblo es pequeño en apariencia es rico en cultura y folklor; todos los brazos que llegan a Graneros, se oculta orgullosamente el tránsito histórico de nuestra nación y su independencia. Las leyendas salen por sí solas a la calle.
Me quedé por un buen rato abstraído por estos pensamientos, sin darme cuenta la divisé frente a mí, era indudablemente ella. El viento enloquecía sus cabellos, volví a perderme, no quería retroceder, pero lo hice. No tenía  el cálculo del tiempo transcurrido desde que nos vimos la última vez… dos o tres años, no sé, no quería recordar, no era sano confundirme, no ahora, pero ella perforaba mis pensamientos y todo lo que antes borré se vislumbró como la sacudida del polvo de unos viejos manuscritos.
“Hola…” me dijo, no reaccioné, un temor singular me golpeó con furia los sentidos: mis noches solitarias, mi búsqueda, mis prolongadas depresiones, mi ira, todo un resumen de algo que fue y no fue. Le respondí el saludo, miré hacia otro lado, las copas de los árboles de la plaza se divisaban sin movimientos, un ligero temblor en mis rodillas, como dije, no quería retroceder, pero lo hice. Se volcó todo como en un naufragio, mis recuerdos flotando en el mar, está bien no hubo palabras de despedida, ni disculpa, ni esa certeza que lo nuestro iba a ser para siempre, sin embargo, una corriente devastadora me llevaba hacia ella, un impulso poco práctico.  He creído en mi fortaleza interna al tenerla lejos, nunca más pensaré en ella, me dije, yo puedo amar muchas veces, me repetí, voy a conquistar a varias mujeres, me dejaré conquistar por todas, me prometí. No cumplí. Se desvaneció mi orgullo al tenerla frente a mí.

EL HIRLDO

(mi segunda novela, sin editar)

Recuerdo que echaba de menos mi batería, los fines de semana la golpeaba con ansias, como un malabarista daba vueltas las baquetas, fui admirado por tal truco.
La compré en una feria de Lovalledor una tarde junto a otros del grupo, quienes no se atrevían a gastar sus dineros. Yo sí, había trabajado duro durante el verano siendo temporero en la cosecha de guindas, duraznos, uvas y manzanas.
Instalé el instrumento en mi habitación, luego la saqué al patio ante los reclamos furtivos de mi viejo, quien amenazó con botarme a la basura esos tarros. Me sentí incomprendido y poco valorado, de esa manera se lo hice saber a mi vieja. Generosa, hizo un lugar en el cuarto donde guardaba las bicicletas, pronto se convirtió en taller de ensayo.
Entonces comenzaron los problemas. Y es que las casas de la Corvi Sur son casi trasparentes, las paredes no detienen los ecos y se puede escuchar hasta el más mínimo sonido del que vive al lado. Furioso, uno de nuestros vecinos, salía a la calle a insultarme, como nadie lo tomaba en cuenta, loco de rabia agarró el teléfono e hizo la denuncia. Por suerte ese proceder judicial salió favoreciéndome, puesto que pude tocar a cierta hora y ciertos días según el trato hecho en carabineros.

No sé cuando fue que olvidé mi batería, se quedó allá adentro del taller por años, mi viejo con gusto un día cualquiera la desarmó, total yo ya no estaba para alegar. Mi ausencia dejó la casa en silencio y una calma necesaria, volvió a arremeter mi viejo cuando discutimos al teléfono en esos tiempos cuando yo vagaba en otros países, codeándome con gente importante, aquellos que mueven las cuerdas de nosotros, los escritores.


El tipo sigue mirando el horizonte con un cigarrillo en la boca, apoyado a su vehículo. No he querido bajar del mío, me parece irónico que pueda tener un modelo de automóvil como éste, años atrás no soltaba mi bicicleta, era un as maniobrándola por los estrechos pasajes y por los caminos de tierra. Fueron los años más felices de mi vida, sin cuestionarme del porvenir, sin esforzarme demasiado.