domingo, 28 de junio de 2020
OLVIDO
Juré no sacar más el tinte de tus escritos desde el día que decidiste no volver. Ese surco va destellando la tarde con la luz del recuerdo sin embargo no altera el trance que acumula mis emociones. Un naufragio ocurrió desde entonces, no hay nada para rescatar. Confundí las sílabas, dije malas palabras, lo siento son remolinos que se fueron con la tormenta. En la propuesta del destino, una baraja de naipes sobre mi mesa; tomé algunas y las acomodé bajo la manga, fui en la fauna la más endiablada, bebí los néctares directamente de una jugosa uva, no se estremeció la hoja ni la parra, hubo elegancia y cuidado. Cuando pude, resistí la luz en cuartos oscuros al desglose de una nota, no perturbé los silencios, fue en total misericordia: siempre mi vuelo propuso ser certero entre los ríos y el bosque. No culpo a nadie, no quiero que me culpen, ese antojadizo paraíso del que hablamos tal vez exista, cuando puedo lo visito desde otra galaxia… debo contarte, aun conservo barajas entre las mangas.
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Cuando hablas con el demonio y estremeces su pelaje es porque se calmarán las tempestades en una víspera eterna y contundente ya no cierres tu mano.
miércoles, 17 de julio de 2019
Cada cierto tiempo libero mi alma
de los enredos
de los miedos
de los conjuros
de las inseguridades
de los prejuicios
de las tristezas
En el confort diario no uso zapatos, ni cargo metales, ya tengo el tono gris en el cabello, mis años de niñas se fueron al este al igual que mis trenzas, la red de mariposas y el sonido que hacen los sapos en las noches de verano.
Vivo en una casa que alberga mis nostalgias con libros apilados como montaña cerca de mi cama, un paraguas, fotografías, sombreros, pañuelos y en las esquinas frases de poemas alternados con las sombras de mis sueños.
Entonces libero mi alma a la luz de este sol infinito, abro todas las puertas y escucho las oraciones de juncos que cruzan el lago más angosto que me llevan a las riveras donde descansa la fe para comenzar la mañana.
de los enredos
de los miedos
de los conjuros
de las inseguridades
de los prejuicios
de las tristezas
En el confort diario no uso zapatos, ni cargo metales, ya tengo el tono gris en el cabello, mis años de niñas se fueron al este al igual que mis trenzas, la red de mariposas y el sonido que hacen los sapos en las noches de verano.
Vivo en una casa que alberga mis nostalgias con libros apilados como montaña cerca de mi cama, un paraguas, fotografías, sombreros, pañuelos y en las esquinas frases de poemas alternados con las sombras de mis sueños.
Entonces libero mi alma a la luz de este sol infinito, abro todas las puertas y escucho las oraciones de juncos que cruzan el lago más angosto que me llevan a las riveras donde descansa la fe para comenzar la mañana.
Hay una hoja blanca lanzada al sillón del verano, en las tardes la sombrea un dulce resplandor; días sin escribir, a veces me obligo, a veces distraigo ideas conjugando los colores sorprendentes de mis zapatillas nuevas observándolas desde la cama a la alfombra. Han sido tiempos extraños porque la luz de vida aún da gustosa en mi cara, aún veo gorriones en el patio tragando esferas trigueñas en esa
ansiedad furiosa y salvaje con la que se mueve el universo.
Un pedazo de pan flota sin recursos en la taza del té, renuevo de células dicen porque se enfrían las habitaciones de esta casa con más rapidez que antes. Entonces recuerdo que volveré a ser semilla en el alma de un árbol balanceado por el agua, con los ciclos magistrales de un equinoccio quién revele la cantidad de ramas y hojas, no tendré la preocupación que me transfieren mis abuelas sobre la fertilidad y los asombros que producen los estados mentales con la vejez
ansiedad furiosa y salvaje con la que se mueve el universo.
Un pedazo de pan flota sin recursos en la taza del té, renuevo de células dicen porque se enfrían las habitaciones de esta casa con más rapidez que antes. Entonces recuerdo que volveré a ser semilla en el alma de un árbol balanceado por el agua, con los ciclos magistrales de un equinoccio quién revele la cantidad de ramas y hojas, no tendré la preocupación que me transfieren mis abuelas sobre la fertilidad y los asombros que producen los estados mentales con la vejez
miércoles, 17 de octubre de 2018
REFLEXIÓN DE LA TARDE I
En la estación de las ocho alguien dijo que no se molestara en creerlo ... estuve un tanto ocupada en resolver si era cierto o no tal como aquella vez cuando las garzas asustadizas huyeron con el sol y nunca supe dónde. Cuando el cursor del tiempo indica la hora del té es abrumador lo que recoge mi cabeza del día; pedazos de organismos van y vienen desafiando el aire. Me temo es una canción estúpida de la que hacen farándula en la tele. Así como cuando descompongo mi mochila con tantos libros y los cargo a la espalda. Me temo, viene a ser costumbre ...
Cierto, alguien es hoja o árbol ... Oiga ud ¿es hoja o árbol? pero nadie sabe eso hasta que muere y nadie sabe si la muerte se lleva el peso de los recuerdos o los vuelve hojas o los vuelve árbol.
En la estación de las ocho alguien dijo que no se molestara en creerlo ... estuve un tanto ocupada en resolver si era cierto o no tal como aquella vez cuando las garzas asustadizas huyeron con el sol y nunca supe dónde. Cuando el cursor del tiempo indica la hora del té es abrumador lo que recoge mi cabeza del día; pedazos de organismos van y vienen desafiando el aire. Me temo es una canción estúpida de la que hacen farándula en la tele. Así como cuando descompongo mi mochila con tantos libros y los cargo a la espalda. Me temo, viene a ser costumbre ...
Cierto, alguien es hoja o árbol ... Oiga ud ¿es hoja o árbol? pero nadie sabe eso hasta que muere y nadie sabe si la muerte se lleva el peso de los recuerdos o los vuelve hojas o los vuelve árbol.
REFLEXIÓN DE LA TARDE II
Aun así las flores de terciopelo vuelven a ser diosas en la pluma de unos pocos y de unos otros las volteretas de la historia consumista enjambre de ostentosos.
En la ruta, sombras de peregrinos sabotean flores de terciopelo, aun así, ellas vuelven a ser diosas.
Todo es posible es el universo desigual; mujeres van por la cruzada pintando en sus cabellos el destino, cuando mueren bajo los pies tantos pétalos y la música es un pentagrama gigantesco marcado por los compases del pianista ... ya no tengo calma, ni sé identificar la luz en ese acto inconsciente de la niña que se baña en el espejo
REFLEXIÓN DE LA TARDE III
La tarde exprime sus últimos soles, caen lentamente a la ciudad.
La ciudad encogida y fría los recibe. Una vez más vuelves a tocarme con tu mano
invisible. En ocasiones un juicio soberbio y febril despojaba mi calma. Ya no.
Soy pequeña en el universo, me digo. Y tambaleo porque mi barcaza es de musgo
que teme a las palabras. Te amo, aunque mi alma se desvanece a través de la
tinta de mi lápiz, como la magnolia sumergida en el océano, fatalidad
irreversible del destino.
En la expectación de los nuevos años y la diversidad que nos entrega la
vida, marcho hacia donde el sol me lleve. Aunque las hojas caigan de sus ramas
sé que no destruyen nada pues vuelven a vivir en los próximos meses. Mientras,
mi música favorita arranca desde los parlantes de estos fonos del silencio al
cosmos. Es inigualable
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