sábado, 1 de octubre de 2016

ENTRE EL AMOR Y EL DESEO


La dama del amor a oscuras en esa fase de ser traviesa para que pongas tus dedos sobre mi piel y juegues a ser varón conquistado e inquieto en el halo de tus sueños, al borde de mis deseos, al borde de tus deseos… Besar tu boca en lo oscuro, contar tus pecas y hacer con ellas un laberinto por donde circulen todos mis bríos de ser tuya en ese fogoso misterio que nos da el amor, en ese misterio de ser fuego. Tuya en esa locura de pasión por donde pasan tus dedos buscando, rasgando hasta encontrar. Bebo de tu lengua algo que es mío y que descubren tus labios que hurguetean entre mis piernas. Soy tuya en ese gemido del corazón, en ese minúsculo segundo que me proporcionan tus movimientos sobre mí en la eyaculación y los orgasmos que nos permite este amor de tanto fuego que se vierte  dulce y cálido sobre mi vientre.


CONTIGO


Amanecer contigo en Pichilemu entre tus piernas, entre tus besos ser siempre doncella para tus encantos, ser siempre el pliegue que atas a tu espalda como la sábana naranja de nuestros juegos en la cama. Beber a pequeños sorbos el aire que sube hasta la cima de este amor mío tan espléndido, tan asombroso como el sol sobre el agua de Pichilemu. Un amor que es el balbuceo de las horas mal contadas y malgastadas desde el bosque al mar y del mar a mis entrañas en donde guardo todas las semillas que me obsequiaste hasta las horas de mi muerte. 



martes, 5 de abril de 2016

DE MAÑANA

Las hojas verdes que cuelgan desde la tapia al suelo amenazan todas las mañanas con entrar por la ventana. Hoy las vi colorearse de otro modo cuando las sorprendí  al ojo de mi taza con café.
Presentí que este día sería distinto, presentí vendría la discusión con ese agotador discurso y las palabras que no se quieren oír. Lo presentí. Volví mi cara al ventanal justo cuando su mano tanteaba mi muslo bajo mi camisa y pellizcaba mis pechos como si ese acto fuera costumbre. Quité sus manos de encima y volví a mis pensamientos del café y las hojas coloreadas de sol que se me antojaba por la ventana. Supuse su descontento y lo que balbuceaba su inconsciente. Lo supuse. El sonido de las llaves y el golpe de la puerta de calle tampoco hicieron que me detuviera a escudriñar ningún mal humor. No hay tiempo, la vida se desplaza en la multiplicación de las hojas verdes que amenazan con subir hasta la ventana y entrar a mi casa.



lunes, 4 de abril de 2016

DEL MAL  AMOR

Ella minúscula en su humildad de poca ropa en el umbral, con esos ojos como lámparas yo afirmado a mis pensamientos infieles; a mis pensamientos de hombre obrero que se desliza por tantos parajes del subconsciente. La miro en esa fortaleza que cubre su aura de hembra y de pelo revuelto sobre sus pechos. Me lo digo para dentro, tengo esa vanidad que es por mí. Fue cuando pulsa la puerta de ese cuarto y me empuja hacia dentro, no hay muebles sino una luz pequeña que tintinea de vez en cuando. La cama y un lavamanos allá al fondo. Ella respira cerca, siento sus labios y la osadía de sus manos, somos dos o uno, en esa confusión del mal amor que cubren las paredes de un cuarto sin ventanas.



sábado, 6 de febrero de 2016

TATUAJE


Voy a tatuarme tu nombre así de corrido en esos bríos de caballos galopando por mis venas, por mis células, allá en ese callejón de la nostalgia, un verbo, una etiqueta, será tu nombre, con esas iniciales de fechas sobre una pirámide, en el surco de mi antojo como si fuera forzada a creer en ti siempre y para siempre en esa obsesión de la palabra, de los argumentos, de las contradicciones, de los malos tiempos, de los cambios entre fase oscura o fase clara que tiene a veces tu luna. No tengo sino esto de ser toda vida para ti, ser la sucesión de tus versos, de tus sueños que caminan entre mis noches saltando de calor, de frío porque mis desvelos son pasiones, obsesiones, letargos …  Tatuar tu nombre mezclado con mi sangre en ese pacto que dice “sin olvido”, en la resistencia total como la única batalla que nos queda, en ese juicio sufrible de cargos por ser cómplices de una rebelión echa a pulso tangible, indestructible, amenazado de suicido como un disparo en la cabeza, como caer a un arrecife en la velocidad fulminante de esta vida en la que yo estoy y estaré para ti. ¡Qué importa sea profano! He ido y vuelvo al infierno y caído al edén tantas veces… 
RUTA II

Este es el último de mis vinos, leo con dificultad la etiqueta y razono…

La lluvia afuera cae sin piedad contra los granos de uva y los gorriones insisten como equilibristas sobre los cables eléctricos. La nubosidad de un mal día tal vez. Esta casa sin ruidos por eso destapo la botella y vierto en una copa. A veces descubro mis sueños entre las líneas de un escrito en un diario “se vende parcela a bajo costo” “se vende Toyota último modelo” “busco marido de cincuenta años” “vendo biblias” …  En las afueras de este pueblo los autos veloces buscan destino y las aves que peregrinas dan saltos en los sembrados asustadizas de los gatos.  No suelo dormir, mis rincones desiertos, no guardo cuadros para colgar ni esos adornos obsoletos que indican este es tu hogar o tu estilo como esas mujeres sofisticadas con tanto rush en los labios. Apilo libros de diferentes autores en una pequeña mesa de escritorio los leo de a uno a hojas saltadas cuando tengo ánimo copio algunas frases no sé para qué la filosofía de toda esa gente perdida, me digo cuando los miro de reojo entre la tele y la ventana. Y voy por esta ruta incierta de una caja con agujeros allá afuera alguien como yo pase un mal rato con esta lluvia que destroza los granos de uva que nunca cosecho y haga temblar los cables eléctricos donde gorriones insisten en el trapecio. 
RUTA I

Y dije sí porque pensé en la muchacha aquella con su sombrilla refugiada de no sé qué.
La noté distraída oprimiendo una mochila observando no sé qué.
Y dije sí porque soy un bobo coleccionista de estampillas como si eso fuese coleccionista de fotografías decadentes o maravillosas de rostros y de pasos que hacen crujir el pavimento.
Soy estúpido por observar tantas veces como repetidas son las vueltas de un bus oruga por las calles de esta ciudad maltratada por los periódicos y las clases subterráneas que desde no sé cuándo portan armas de todo tipo sumándose a la mala fama de los barrios neoyorquinos o las favelas y su deplorable e insana pobreza de gente sin zapatos o tirada al sol.

Y dije sí con una sonrisa a medias con esa inseguridad que me cuelga del pelo a la chaqueta sumando golpes pequeños con los dedos y viendo desaparecer ese monosílabo susurrante en mi cabeza.