lunes, 3 de octubre de 2016




DE NOCHE


Como es costumbre encendió el cigarrillo en el patio justo cuando ya no quedaban invitados y el piso volvía a su normalidad con el brillo de la baldosa. Justo cuando ato mi pelo en ese ademan de cansancio y hastío, ya se fueron los invitados, me repetí. Vuelvo a mirarlo y su semblante perdido en la bruma del humo. Me acerco, quería sentir sus labios en esa sed indescifrable que sólo las células en su impaciencia multiplican. Recogí el vestido para sentarme en sus rodillas, sacado de su abstracción me apartó usando breves monosílabos ininteligibles o vulgares. Se puso de pie, apagó el cigarrillo y se marchó cruzando el umbral que sostenía mi esperanza.  

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