lunes, 3 de octubre de 2016

MARÍA MAGDALENA

Con los labios rojos y los ojos hinchados María Magdalena llora como tal mujer llora en ese silencio de no poder insultar, de no poder olvidar … llora así con el corazón quemado por este destino de ser simplemente mujer con esos labios rojos, con esa cabellera suelta y los pechos aprisionados, en el vientre unas semillas que urgen por crecer.
María Magdalena y su llanto con esa derrota sobrecogedora de un mal presagio que se hunde entre las piernas como el ruedo del vestido, como la vida que no disculpa que María Magdalena tenga los labios rojos y la suelta cabellera con sus dos pechos firmes y que tenga una semilla adentro de su vientre con un tallo que se escapa entre las piernas.
María Magdalena y su boca de amapola en la sombra de los pecados que no se dicen y se aprenden de niños. Ella y su tul sonrojado, tiembla el cáliz cuando se beben de a poco sus lágrimas, la pálida cara en una hostia dibuja ojos de amor que no mueren, de un amor tan sagrado como los mil latigazos.

 María Magdalena viaja de ruta en ruta con esa pasión escondida ¡que nunca más le lancen piedras!

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