lunes, 3 de octubre de 2016



EN LA CIUDAD

Mi cigarrillo confundido por la brisa degastada y nauseabunda de esta ciudad balbuceando ruidos de automóviles que arrugan como pañuelo las calles de asfalto en un día de vida cotidiana; vago con mis cinco sentidos útiles todavía, me digo mientras hojeo un periódico que cuelga desde un montón de revistas insoportables con lentejuelas en sus portadas. Después de haber estado más de un año metido en los parajes del sur, esto me parece un renacimiento con mi propio yo, destructivo o decadente. Los cristales de las vitrinas de los bancos y los grandes almacenes revelan mi mal semblante cubierto por este sombrero de alas cortas como mis propias alas tal vez.

Allá y acá las cabezas de hombres y mujeres desfilan con sus bolsos, mochilas o maletines sostenidos de ambiciones, grandezas o vanidades; observo y reflexiono, en las casillas ocupadas de mis abstracciones ¿dónde se encuentra la libertad? ¿Dónde está la pasión? ¡Dónde está la salida! Y busco en esa costumbre idiota del que siente y piensa así como todos los reos.

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