(Crokis de mi nueva novela)
Nos
fuimos a tomar café acompañado de una paila con huevos revueltos a un
restaurante maloliente y poco servicial anclado en una de las calles empinadas
de la costa. - ¿Cuál es tu nombre? Tienes cara de niño bueno, me da risa verte,
pareces perdido – agregó luego de tragarse un buen pedazo de pan. – Daniel y
vivo en las afueras de Santiago ¿y tu nombre es…? – no había reparado en ella
sumido en mis propios pensamientos y en el tic tac del destino que olvidé
mirarla a la cara. Su rostro denotaba cansancio y ojeras de seguro producido
por su ingesta de alcohol y bohemia, sin embargo me producía fascinación
contemplarla, algo de mí había en el interior de sus ojos ennegrecidos adrede
por un trazo de carboncillo, cuanto detesto el maquillaje en las mujeres, me
dije, de seguro ella no sabe usarlo. Una mujer de no más de treinta años, sin
dirección, tan inmadura como si tuviera diecisiete, tan poco práctica y alocada
y poco prevenida y poco astuta y poco porvenir tal y como tú, me diría mi ex
mujer.
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