sábado, 15 de febrero de 2014

EL HIRLDO

(mi segunda novela, sin editar)

Recuerdo que echaba de menos mi batería, los fines de semana la golpeaba con ansias, como un malabarista daba vueltas las baquetas, fui admirado por tal truco.
La compré en una feria de Lovalledor una tarde junto a otros del grupo, quienes no se atrevían a gastar sus dineros. Yo sí, había trabajado duro durante el verano siendo temporero en la cosecha de guindas, duraznos, uvas y manzanas.
Instalé el instrumento en mi habitación, luego la saqué al patio ante los reclamos furtivos de mi viejo, quien amenazó con botarme a la basura esos tarros. Me sentí incomprendido y poco valorado, de esa manera se lo hice saber a mi vieja. Generosa, hizo un lugar en el cuarto donde guardaba las bicicletas, pronto se convirtió en taller de ensayo.
Entonces comenzaron los problemas. Y es que las casas de la Corvi Sur son casi trasparentes, las paredes no detienen los ecos y se puede escuchar hasta el más mínimo sonido del que vive al lado. Furioso, uno de nuestros vecinos, salía a la calle a insultarme, como nadie lo tomaba en cuenta, loco de rabia agarró el teléfono e hizo la denuncia. Por suerte ese proceder judicial salió favoreciéndome, puesto que pude tocar a cierta hora y ciertos días según el trato hecho en carabineros.

No sé cuando fue que olvidé mi batería, se quedó allá adentro del taller por años, mi viejo con gusto un día cualquiera la desarmó, total yo ya no estaba para alegar. Mi ausencia dejó la casa en silencio y una calma necesaria, volvió a arremeter mi viejo cuando discutimos al teléfono en esos tiempos cuando yo vagaba en otros países, codeándome con gente importante, aquellos que mueven las cuerdas de nosotros, los escritores.


El tipo sigue mirando el horizonte con un cigarrillo en la boca, apoyado a su vehículo. No he querido bajar del mío, me parece irónico que pueda tener un modelo de automóvil como éste, años atrás no soltaba mi bicicleta, era un as maniobrándola por los estrechos pasajes y por los caminos de tierra. Fueron los años más felices de mi vida, sin cuestionarme del porvenir, sin esforzarme demasiado. 

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